Doctora Frankenstein

Sería conveniente, podría pensarse, dejar de una vez por todas la escritura o, mejor, la obsesión por la publicación, y dedicarme a cosas serias. Podría entretenerme, por ejemplo, con la práctica que tengo que hacer -y me atormenta- para el seminario de capacitación docente en catalán, o dedicarme a la búsqueda y clasificación de fuentes para el estado de la cuestión del doctorado que he empezado pero que ni yo me creo que vaya a terminar jamás, o, lo que seguro sería más útil, centrarme en el estudio como cualquier opositora seria y que se precie. Si nada de eso me convence, también puedo hacer cursos de formación continua de esos que tan bien quedan en el currículum y que además dan puntos para la fase de concurso de la oposición. O estudiar inglés, que llegará el día del examen e iré con los conocimientos de fábrica, y así no hay quien apruebe.

Sí, sería conveniente que hiciera cualquier cosa en lugar de escribir o, mejor, de obsesionarme por publicar. Pero no soy capaz. Mis historias, mis personajes, son la mejor parte de mí, sin ellos absolutamente nada tiene sentido, el mundo se convierte en un lugar oscuro y hostil y yo en una persona vacía y gris. ¿Cómo puedo dejar algo tan mágico e importante para mí encerrado en un cajón?

Así que, aquí estoy, escribiendo mi entrada del día en el blog -propósito cumplido- mientras pienso en cuál es la mejor manera de devolver a la vida a mis criaturas,  casi como una moderna Frankenstein sobrevenida, ignorante de si sus actos devolverán un ser a la vida o si tendrán como resultado un monstruo que habría sido mejor no tratar de resucitar jamás.

Pero, al final, el monstruo no era tal, solo quizás por fuera, no en su interior… Al final, el amor todo lo cura, ¿verdad?

Todo salvo al doctor, que se pierde en un infierno blanco, donde de buen seguro no sobrevivirá, siempre detrás de su renacida criatura, que jamás habría tenido que tratar resucitar.

¿Soy yo ahora esa doctora Frankenstein iniciando mi juego maldito de nigromancia? ¿Sería mejor dejar a los muertos en paz -aunque sean mis historias, mis mundos, mis hijos…? ¿Debería contentarme con una vida normal -una vida con los vivos-, con una oposición, un doctorado, y todo lo demás? ¿Sería mejor dejar de perseguir quimeras?

Quizás.

Pero la cuestión no es esa.

La cuestión es si soy capaz.

2 comentarios el “Doctora Frankenstein

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