Mi acierto, mi error, mi maldición y mi mayor dolor de cabeza

Este blog se titula diario de una escritora maldita y eso es, en parte, porque tengo una historia maldita con la que no sé qué hacer. A causa de ella he conocido momentos cercanos al éxtasis, pero también dolor como creía que solo un daño físico podía causar. Mi historia es, para qué negarlo, mi gran amor y lo que más odio, aquello que más ansío continuar y terminar, aquello que preferiría no haber conocido jamás y lo que más me alegro de haber escrito. Es, o al menos fue, el gran acierto de mi vida en un momento muy concreto de la misma y el mayor error que jamás he cometido. Pero, sobre todas estas cosas, mi historia es mi maldición y, como tal, mi mayor preocupación y causa de todos mis dolores de cabeza.

Se llamaba, al menos cuando surgió, Ladrones de Almas y era una suerte de novela por entregas de temática fantástica romántica adulta. Cuando la empecé a escribir, estúpida de mí, creía que estaba atascada con la escritura y que aquello no era más que un ejercicio para desatascar mi creatividad. ¡Qué tonta! No tenía ni idea entonces de lo que era un atasco y, lo peor, mi ceguera me impedía ver que, en aquello que yo interpretaba como un ejercicio sin relevancia ni trascendencia, creé el mejor universo que jamás ha salido de mi mente: Atiskaya.

Mientras escribía, al ser un proyecto por entregas, publicaba, primero en Wattpad, después en Kindle, después en una pequeña editorial, que hizo una tirada y retiró el libro sin siquiera permitirme rescatar los ejemplares no vendidos. Claro, yo creía que eso no era nada y no daba importancia a lo que ocurría, pero, en mi inconsciencia, me estaba cargando las posibilidades de mi nuevo gran universo.

La historia de Ladrones de Almas quedó parcialmente terminada, pero, entonces, sucedió lo peor, empecé a avergonzarme de ella. Ya os he dicho que era una novela de fantasía romántica adulta y el problema fue que no me gustaba la temática romántica adulta, pero, además, se me fue la mano con la adultez. En aquel momento no le di importancia -no se la daba a nada- era sencillamente lo que estaba de moda, lo que vendía, y yo, inconsciente, me subí al carro y me estrellé.

Ahora mi universo lleva unos tres o cuatro años durmiendo en un cajón. Ya he perdido la cuenta del tiempo y de las soluciones que he tratado de aplicarle, pero ninguna parece satisfactoria. Os enumero la lista de problemas por si se os ocurre algo que se me haya psado por alto a mí:

  • No puedo presentarlo a ningún concurso, pues no es original.
  • No puedo versionarlo porque para poder hacer algo de provecho con la versión debería cambiar tantos detalles del universo que sentiría que estoy traicionándolo.
  • No puedo publicarlo con mi nombre porque, dado el exceso y tipo de contenido adulto, comprometería mi futuro profesional, al menos como profe de secundaria y análogos.
  • No puedo/quiero publicarlo con seudónimo porque siento que me traiciono a mí misma, que es un trauma interno muy tonto que tengo yo por ahí, supongo que primo-hermano del problema del ego del escritor. Pero, creedme, lo he intentado y no funciona.

Imagino que la mejor solución sería, como diría un amigo mío, que me quitara el pavo de encima y publicara sin más. Al que no le guste que no mire y tal y cual. Pero, qué queréis que os diga, además de maldita, soy una escritora cobarde.

Como último recurso se me ha ocurrido someter el manuscrito a un proceso de edición un tanto radical para quitarle el contenido adulto, o al menos lo más, digamos, explícito. Peeeero, mecachisenlamarsalada, resulta que soy tan marvillosísima creando historias que ese contenido adulto y explícito forma parte sustancial del argumento, es decir, tal y como está ahora la historia no se sostiene sin eso. Dicho de otro modo, debo cambiar o quitar uno de los pilares argumentales más importantes para poder quitar el contenido adulto, vamos, que no es que haya un par de escenas de cama sin las que la historia sigue funcionando, no.

No sé hasta qué punto, siendo la parte adulta de la historia tan fundamental para el argumento como es, quitarla es traicionar al argumento o al universo, pero a mí me suena a que es menos traición que empezar a cambiar todo lo demás. Pero no sé si eso es así o no… En fin, que estoy igual de atascada con este asunto como el primer día.

Mi plan genial, el que se me ocurrió este pasado fin de semana, mientras, por cierto, estaba trabajando en mi historia nueva, la del Proyecto Zarcillo, pasa por editar el manuscrito que tengo guardado, eliminar o suavizar el contenido adulto y enviarlo a una editorial de género fantástico.

Jamás he enviado nada a ninguna editorial, de ningún género, y me muero de terror, sobre todo porque estamos hablando de enviar una historia que ya ha sido publicada en cierto modo, aunque fuera por partes y de forma independiente y amateur. Pero, ¿qué puedo hacer si no?

La idea, como casi todas las que se me ocurren, tiene plan B por si lo de la editorial no sale, pero, mientras, qué se yo. Quizás habría que probarlo…

¡Ojalá en Mago de Oz pudiera darme un poco de valor! Si me atreviera a publicar tal y como está todos los problemas se acabarían… Salvo los que como consecuencia de eso pudieran empezar.

firma

 

 

 

PS: Quizás me he respondido a mí misma mientras buscaba una foto para ilustrar esta entrada. Me he sentido irrefrenablemente atraída por una de una escultura de Hamlet sosteniendo el cráneo de Yorik. A todos nos iguala la muerte, bufones y príncipes. El problema es que a nadie le gusta ser el bufón de la historia, aunque sepamos el duro camino que le espera al príncipe. Entonces, ¿qué prefiero, vivir feliz y riéndome de mi propia deformidad, como Yorik, o amargada en busca de justicia, como el joven heredero danés?

2 comentarios el “Mi acierto, mi error, mi maldición y mi mayor dolor de cabeza

  1. Carmen, a mí la mejor opción me parece ir adelante con lo de la editorial. Nunca se sabe, por intentarlo… Y busca bien en concursos, especialmente los de temática romántica, quizá si sólo ha estado publicado parcialmente no haya problema. Nunca hay que rendirse. Pero para otra vez ya hemos aprendido que mejor no autopublicarnos hasta que no estemos seguros de que es imposible publicar de otro modo.
    Un saludo!

    Le gusta a 1 persona

    • Hola Victoria:
      Yo también creo que lo de la editorial es la mejor opción, a ver qué pasa y al menos haberlo intentado. Lo de los concursos de romántica… Es que no sé si acaba de encajar ahí, aunque a lo mejor es cierto que son menos estrictos en cuanto a lo de haber estado publicado parcialmente.
      Totalmente de acuerdo en que la autopublicación es la última opción. ¡Y también en que no hay que rendirse! Mientras podamos, hay que seguir luchando y soñando.
      Nos leemos.
      Saludos.

      Me gusta

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